martes, 20 de enero de 2026

 Para matar mi muerte

Sé bien que tú estás ahí,
esperándome:
fría, mustia, inexorable, eterna.
Que estás ahí
a la vuelta
del porvenir más próximo,
de ese futuro al que no quiero llegar,
de ese mañana al que arribaré
indefectiblemente solo,
desprovisto de todo y de todos,
del calor de la mano tendida,
del puente de esa mirada
que siempre he buscado
y me ha buscado.

Solo incluso de mí mismo,
porque cuando llegues
será acaso para completar un círculo
que acabará algo que llamo existir,
y será solamente –por lo menos eso espero–
recuerdo en las imágenes de algunos ojos
que cierta vez me acompañaron.

Yo sé bien que estás ahí
en cada cosa que hago o que no hago,
en lo que soy,
en lo que ya no podré ser,
pautando incluso estas palabras,
porque sé que mientras escribo
no estás porque yo estoy,
y eso me salva.

Qué me importa si mañana no hay rosas,
orquídeas o magnolias
para mi lápida.
Qué importa incluso que no haya lápida,
ni velas ni oración.
Qué importa
si hoy estoy aquí,
vivo, pleno y desafiante,
parado en mis pies, alzando los brazos y gritando:
¡Estoy vivo!, grito, escupo, río y pataleo;
y tú no estás.
¡Tú no estás!
Tú no estarás
incluso en el porvenir
de un tiempo ya no mío,
mientras alguien discurra en estos versos.

 

Aldo Roque Difilippo


No hay comentarios:

Publicar un comentario