jueves, 26 de mayo de 2016
jueves, 18 de junio de 2015
El
cubil
Aldo Roque Difilippo
En
el inicio todo estaba tranquilo, callado, sereno. La lluvia caía, el
viento soplaba, el sol iluminaba, y la vida discurría monótona,
como el goteo del agua en una fuente. Y el Hombre dijo: "No
está bien que estemos solos. No está bien tener frío
en el invierno y calor en el verano, mojarnos cuando llueve..."
![]() |
| "La ciudad" óleo sobre fibra (0,90 x 0,80 cn) |
Después
juntó piedras, palos y barro, construyendo pequeñas madrigueras
artificiales que se apiñaron. Un Hombre y otro Hombre se juntaron,
uniendo músculos y sudores, cantando canciones que recién le nacían
de los labios, mientras la piedra y el barro tomaba forma, mientras
la madera se impregnaba del sonido de aquellos cantos recién
paridos, formando vigas y armazones propiciadores de sueños donde
nacerían otros seres que también cantarían levantando paredes en
aquel ritual primigenio.
Cuando
no hubo mas palos, piedras o barro por apilar, los Hombres
descansaron, secándose el sudor a la sombra de lo que habían
construido.
| "El barrio de Eustaquio", óleo sobre fibra (0,40 x 060 cn) |
Primero
fue el tumulto de cuerpos acunando sueños insestuosos, promiscuos.
Después fue "Casa solar" regida por el patriarcado de unos
ojos altaneros y el sonar de cacerolas matriarcales atizando el fuego
de un caldo espeso, de aroma penetrante, como esos amores
circunspectos que no se cortan ni con la muerte. Fue también un
conventillo, casas dentro de una gran casa, donde las mujeres parían
su progenie en camas de hierro, y los hombres hacían nacer nuevos
sueños con acordeones y guitarras.
Las
hubo de Dios. Casas donde la espiritualidad manaba del incienso y el
vino compartido. También las del comercio y la moneda. Las de asilar
soledades geriátricas. Las que apiñaron manos y pies pequeñitos,
descalzos de amor, en una orfandad de caricias y besos. Las hubo
tolerantes al beso o al sexo furtivo, oculto en la noche. Las de paso
en un camino, con el fuego siempre encendido y una mesa modesta
esperando mitigar el hambre, la sed, o el frío; salpicando de
encuentros la soledad del camino.
![]() |
| "Ciudad en amarillo", óleo sobre fibra (0,30 x 0,22 cn) |
![]() |
| Encuentro de Pintores, Chapicuy (Paysandú) , 2010 |
Después
sólo casas, a secas, reducidas. Habitáculos ínfimos para dormir o
comer, apiñados en panales donde abejas humanas apenas si reponían
fuerzas en colchones empozados ante la fatiga diaria que los hacía
correr durante toda la jornada, persiguiendo al esquivo sustento, el
amor, o los sueños relegados en una esquina infantil, cuando el
hambre o necesidades carentes de espíritu les imprimieron un nuevo
rumbo al destino.
Pero
a la sombra de un árbol añoso, o al rescoldo de un sueño dormido,
siempre estará esperando una casa, con sus cuentos de abuelos,
o manos de madres secándose en el delantal, siempre a la espera del
abrazo festivo del reencuentro; y habrá también un patio, con
su parral de sombra tupida, un limonero, quizá alguna quinta y
un ciruelo o un naranjo, esperando al niño que prefirió treparlo
antes que ir a sestear.viernes, 5 de junio de 2015
domingo, 28 de diciembre de 2014
Una nada
Hay una esquina esperando
porque gires el rumbo
porque des vuelta la vista
porque mires atrás.
Hay una excusa, una duda
un segundo, una nada
que te abraza y te increpa
que te obliga a pensar.
Hay una esquina,
un segundo, una duda
una nada
esperando que llegues
para hacerte cambiar.
porque gires el rumbo
porque des vuelta la vista
porque mires atrás.
Hay una excusa, una duda
un segundo, una nada
que te abraza y te increpa
que te obliga a pensar.
Hay una esquina,
un segundo, una duda
una nada
esperando que llegues
para hacerte cambiar.
Aldo Roque Difilippo
| "Noche", óleo sobre fibra, Aldo Roque Difilippo |
viernes, 8 de agosto de 2014
En este momento
Aldo Roque Difilippo
En este preciso momento
con la vida
golpeándole
en el alma
dos dementes
del amor
estarán
naciendo a alguien
en una cama.
En este
momento,
en las
antípodas
o aquí mismo,
algún alguien
que partirá el
dos
el corazón de
una virgen
o una anciana .
En este
momento,
exactamente,
un beso suplirá
todo lo que falta,
y habrá cuerpos
devorando abrazos;
y yo aquí
escribiendo,
en este momento
exactamente
quedándome en
ti
en cada
palabra.
Publicado en:
Isla Negra 10/383
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Una mujer casi mía
Aldo Roque Difilippo
Hay una mujer desnuda
colándose en mi
sopa,
levanto la
cuchara
y chorrean
sus piernas
delgadas
y sinuosas.
Hay una mujer
desnuda
girando en el
café.
Una mujer
morena
-quizá la única
porque todas
son rubias-
con sus labios
desnudos
y sus muslos
azabaches en
medio de la taza.
Hay una mujer
desnuda
en mi ventana,
en el jabón, en
el azúcar;
y hasta en la
espuma de afeitar
que no utilizo
quizá por miedo
a que me bese y
me la trague.
Hay una mujer
desnuda
rubia, subyugante,
otra pelirroja
y tentadora,
pocas veces
morocha
y muchos menos
amarilla o cobriza
-como me
hubiera gustado-
metiéndose en
todas mis visiones
mirándome por
todos los anuncios
contorneando
sus caderas en la pantalla
para que crea
–y yo siempre le creo-
que seré mejor,
más bueno, quizá hermoso,
si la busco en
cada lata de cerveza,
si la beso en
cada vino, en cada helado
que termino
bebiendo sin pensarlo.
Sigue mirándome
con sus ojos de vidrio
desde el
televisor, y yo le creo:
que el mundo
será mío si la sigo,
que la tendré,
desnuda y en tercera dimensión
sobre la cama
con cada quilo
de jabón que llevo
sin saber
siquiera si algún día
podré reparar
mi viejo lavarropas.
Y yo le creo.
¿Quién podría no creerle
a una mujer
desnuda hablándote al oído?
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miércoles, 4 de junio de 2014
Aldo Roque Difilippo
En la punta de la boca
viaja el beso
de la madre hasta el hijo,
del amante a la pasión.
En la punta del labio,
en el vértice de la vida,
en la esquina de la ausencia,
viajan labios apretados,
retorcidos de dolor.
Y el insulto o el agravio
repta hiriente
de la sombra oscura y sin amor.
Pero siempre habrá
en alguna esquina
labios meciendo cunas,
preñados de congénitos amores,
inundando la vida y los rincones,
de recuerdos que acarician;
de la punta de la boca
al corazón.
Isla Negra
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