miércoles, 18 de mayo de 2022

 

El monstruo

 

  -Maldito monstruo asesino! -gritó desesperado entre estertores convulsivos.


Del otro lado del pulverizador la mujer sonreía. Había conseguido liquidar la última cucaracha.

Acrílico  y lápiz sobre papel

miércoles, 4 de mayo de 2022

 

Del encuentro con el puestero, o la vez que Sancho Panza no pudo probar la caña

 

-        ¿Qué le sirvo paisano?

-        Si vuestra merced lo deseara, mucho agradecería un poco de pan, queso y buen vino.

El puestero había tenido un día pesado, un par de borrachos que casi se trenzan en un duelo que con esfuerzo logró evitar, el calor que no le daba tregua, como tampoco le daban tregua las ratas que le habían desbaratado un par de bolsas de galletas, por lo que no estaba con ganas de discutir con nadie.

-        Aproveche,  que es lo que hay –le dijo sirviéndole un generoso vaso de caña.

-        Vuestra merced disculpará –dijo el recién llegado-, pero...

-        Francisco es mi nombre.

-        Vuestra merced disculpará...

-        Que me llamo Francisco, como mi agüelo, y de gurí me decían Pancho.

-        Vuestra merced habla de una forma.

-        ¡Y dale con Mercedes! Mi nombre es Francisco. Francisco Machuca.

-        Yo recuerdo haber leído que un caballero español llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así él como sus descendientes se llamaron desde aquel día en adelante Vargas y Machuca.

-        ¡No me venga con historias! Acá no hay ni Mercedes, ni Vargas, y el viejo mi padre, que también era Machuca, hace tiempo que murió. Si quiere tome su caña, y sino se va.

-        Hermano Sancho Panza –dijo el forastero volviendo la mirada a un hombre retacón con un sombrero que al puestero le dio risa-,  hemos metido las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras, más advierte que, aunque corrimos todos los caminos nunca encontramos gente tan endiablada y descomunal como este ser.

-        Hace dos días que no probamos bocado –dijo Sancho-,  bueno sería tomar lo que nos ofrece. Además mucho me gustaría probar las cualidades de esa bebida que todos nombran.

-        Hágale caso al gordito y tómese una caña compadre.

-        Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento.

-        Peor será esto que los molinos de viento –dijo Sancho aproximándose a la puerta-. Tomemos eso que llaman caña, y si hay pan  y queso comamos, y sino poco importa.

-        Para conmigo no hay palabras blandas. Sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso...

-        Éramos pocos y parió la agüela. ¡Basta! Cartón yeno.. ¡Se van!

-        ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía? –se lamentó Sancho mientras el puestero, que había saltado el mostrador empujaba sin mucho esfuerzo la esmirriada figura del forastero que siguió insistiendo en su condición hidalga hasta terminar magullado contra un árbol.

-        ¿No le dije yo a vuestra merced? –repetía el personaje retacón mientras lo ayudaba a montar aquella bolsa de huesos con forma de caballo que lentamente lo alejó del lugar.


 El puestero se tomó la caña de un envión acodado al mostrador.

-        Mire que hay locos sueltos en estos campos –dijo en voz alta- pero ninguno como estos dos.

 

El horizonte recortó las siluetas. La más alta y desgarbada gritó: -Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

- ¡Válame Dios! –dijo la otra figura ya convertida en un puntito- ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía?

 

 

 

                              Aldo Roque Difilippo

 

jueves, 18 de junio de 2015

El cubil


Aldo Roque Difilippo


En el inicio todo estaba tranquilo, callado, sereno. La lluvia caía, el viento soplaba, el sol iluminaba, y la vida discurría monótona, como el goteo del agua en una fuente. Y el Hombre dijo: "No está  bien que estemos solos. No está  bien tener frío en el invierno y calor en el verano, mojarnos cuando llueve..."
"La ciudad" óleo sobre fibra (0,90 x 0,80 cn)
Después juntó piedras, palos y barro, construyendo pequeñas madrigueras artificiales que se apiñaron. Un Hombre y otro Hombre se juntaron, uniendo músculos y sudores, cantando canciones que recién le nacían de los labios, mientras la piedra y el barro tomaba forma, mientras la madera se impregnaba del sonido de aquellos cantos recién paridos, formando vigas y armazones propiciadores de sueños donde nacerían otros seres que también cantarían levantando paredes en aquel ritual primigenio.
Cuando no hubo mas palos, piedras o barro por apilar, los Hombres descansaron, secándose el sudor a la sombra de lo que habían construido.
"El barrio de Eustaquio", óleo sobre fibra (0,40 x 060 cn)
Primero fue el tumulto de cuerpos acunando sueños insestuosos, promiscuos. Después fue "Casa solar" regida por el patriarcado de unos ojos altaneros y el sonar de cacerolas matriarcales atizando el fuego de un caldo espeso, de aroma penetrante, como esos amores circunspectos que no se cortan ni con la muerte. Fue también un conventillo, casas dentro de una gran casa, donde las mujeres parían su progenie en camas de hierro, y los hombres hacían nacer nuevos sueños con acordeones y guitarras.
Las hubo de Dios. Casas donde la espiritualidad manaba del incienso y el vino compartido. También las del comercio y la moneda. Las de asilar soledades geriátricas. Las que apiñaron manos y pies pequeñitos, descalzos de amor, en una orfandad de caricias y besos. Las hubo tolerantes al beso o al sexo furtivo, oculto en la noche. Las de paso en un camino, con el fuego siempre encendido y una mesa modesta esperando mitigar el hambre, la sed, o el frío; salpicando de encuentros la soledad del camino.
"Ciudad en amarillo", óleo sobre fibra (0,30 x 0,22 cn)
Encuentro de Pintores, Chapicuy
(Paysandú) , 2010
Después sólo casas, a secas, reducidas. Habitáculos ínfimos para dormir o comer, apiñados en panales donde abejas humanas apenas si reponían fuerzas en colchones empozados ante la fatiga diaria que los hacía correr durante toda la jornada, persiguiendo al esquivo sustento, el amor, o los sueños relegados en una esquina infantil, cuando el hambre o necesidades carentes de espíritu les imprimieron un nuevo rumbo al destino.
Pero a la sombra de un árbol añoso, o al rescoldo de un sueño dormido, siempre estará  esperando una casa, con sus cuentos de abuelos, o manos de madres secándose en el delantal, siempre a la espera del abrazo festivo del reencuentro; y habrá  también un patio, con su parral de sombra tupida, un limonero, quizá  alguna quinta y un ciruelo o un naranjo, esperando al niño que prefirió treparlo antes que ir a sestear.






domingo, 28 de diciembre de 2014

Una nada

Hay una esquina esperando
porque gires el rumbo
porque des vuelta la vista
porque mires atrás.
Hay una excusa, una duda
un segundo, una nada
que te abraza y te increpa
que te obliga a pensar.
Hay una esquina,
un segundo, una duda
una nada
esperando que llegues

para hacerte cambiar. 

Aldo Roque Difilippo
"Noche", óleo sobre fibra, Aldo Roque Difilippo

viernes, 8 de agosto de 2014

En este momento

 

Aldo Roque Difilippo

 

En este preciso momento

con la vida golpeándole
en el alma
dos dementes del amor
estarán naciendo a alguien
en una cama.
En este momento,
en las antípodas

o aquí mismo,

algún alguien
afilará su discurso
Ilustración: Ángel Juárez Masares
que partirá el dos
el corazón de una virgen
o una anciana .
En este momento,
exactamente, 
un beso suplirá todo lo que falta,
y habrá cuerpos devorando abrazos;
y yo aquí escribiendo,
en este momento
exactamente
quedándome en ti
en cada palabra.




Publicado en:
Isla  Negra 10/383
casa de poesía y literaturas
Julio – 2014-  año del Décimo aniversario!!                                                                           
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