Y la vida siguió
murieron los primeros afectos
esos, que dicen ser amores ancestrales,
y nacieron otros, con sus mezquinas pasiones,
con sus rencores
porque qué es el amor más que querer para sí
lo que quizá nunca se tendrá,
como no se puede tener el sol o el aire.
Y la vida siguió, con su pequeñez cotidiana
como la sombra de un enano a las siete de la tarde
todo lo larga que puede ser la mezquindad
tan inmensa como el hambre
de quien no conoce nada
y se devora la noche,
porque el inmenso negro de un invierno
parece interminable, tan interminable.
Y la vida siguió
como
siguen las cosas insondables.
Aldo Roque Difilippo
